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DE PALACIO A MUSEO

Publicado: 5 de noviembre de 2018


El edificio que desde 1995 alberga el Museo Metropolitano de Monterrey, frente a la Plaza Zaragoza, tiene una historia de más de 350 años.

Sus orígenes se remontan a mediados del siglo 17.

“Las Casas Reales, que fueron promovidas por Martín de Zavala, fueron construidas en 1653”, señala Oscar Martínez, de GADA.

El Aequitecto, especialista en restauración de inmuebles antiguos, ha participado, de hecho, en el remozamiento de esta construcción que en 1851 se convirtió en el Palacio Municipal de Monterrey.

Muchos años después, en 1989, albergó el Museo de Historia de Nuevo León.

En las Casas Reales, detalla Martínez, estaban los poderes del Ayuntamiento y eran cuartos que se utilizaban como sala, escritorio, archivo o incluso cárcel.

Luego, en 1818, el Comandante Joaquín de Arredondo mandó hacer un diseño que se le atribuye al ingeniero militar Antonio Salas.

“Pero ese proyecto nunca se realizo totalmente.

En 1851 el arquitecto italiano Papías Anguiano presenta un proyecto para la formación de los portales al frente de la plaza.

Este fue aprobado por la comisión de arquitectura que había en aquel momento, el 11 de mayo de 1851, y se relaizó por la comisión de obras dirigida por Jacinto Lozano”, explica Martínez.

De acuerdo con el Arquitecto, se tienen muros que corresponden al siglo 17, 18 y 19.

Pero no sólo su fachada tuvo cambios, también su estilo arquitectónico.

“Al principio es una arquitectura muy típica de la región, más bien austera, sin mucha ornamentación”, señala Martínez.

No fue hasta la intervención de Papías Anguiano que se tuvo un órden en la fachada.

“Ya es un poquito más neoclásico, ya es un poco más de las épocas románticas de la arquitectura”, asegura Martínez.

Entre los detalles del edificio están sus arcos y un escudo obsequio de Mariana de Austria, que se tuvo que demoler, pues su peso no lo soportaban los sillares.

En algún tiempo en el siglo 19 se contrató a los presos para trabajar en las construcciones del Gobierno.

“En el palacio municipal trabajó a quel famoso bandido, Agapito Treviño.

De hecho, el trabajó en los balcones que dan al frente de La Plaza Zaragoza, en la herrería”, comenta Martínez